¿Comprar o alquilar el barco?

Dehler 28 S

¡Vaya pregunta, dirán algunos…! ¿Comprar o alquilar el barco?, ¿Qué van a decir en un blog de una empresa dedicada a vender barcos…?

Pues –y eso va para los desconfiados- no corráis tanto: no vamos a hacer apología de la compra. No señor. No la vamos a hacer porque la cuestión no es tan simple y lo que pretendemos nosotros es que el comprador de un barco esté contento con su decisión. El día de la compra y también después,  cuando haya pasado el tiempo. No hay nada peor que un comprador descontento.
Por tanto, vamos con el tema.

Si la elección compra o alquiler fuera una decisión puramente económica, únicamente en términos de rentabilidad, la cuestión estaría clara. Se trata simplemente de hacer números: dependiendo del tiempo disponible, es decir, del tiempo de uso previsto anualmente, se trata de buscar un promedio de coste día de alquiler y confrontarlo con la repercusión anual del costo de adquisición – deduciendo el valor residual apropiado- y sumarle a esta cantidad los costos fijos de mantenimiento: amarre, seguros, varadas, ITB, reparaciones, reposiciones, etc.

Eso nos dará de entrada una imagen comparativa clara de las alternativas. Evidentemente, no podemos olvidar que, además de lo enunciado, hay que contemplar que para comprar un barco hace falta tener la disponibilidad económica necesaria. Sea porque se dispone de ella o porque se está en condiciones de financiar la compra.

Y ahora, sí, ya tenemos los datos necesarios para decantarnos por una u otra opción, utilizando en esa decisión sólo criterios de rentabilidad económica.

Pero, pero, pero… las cosas no son tan sencillas como el simple resultado del estudio económico. Si fuera así, todas las decisiones que tomamos estarían basadas en la más estricta racionalidad. Sólo se tendría en cuenta una parte de la historia y créannos cuando decimos que en una gran parte de las decisiones que tomamos la racionalidad económica ocupa un escaso segundo lugar.

¿Cómo es posible,  se preguntarán algunos? ¿Quiere eso decir que los humanos usamos poco la cabeza en la toma de decisiones? ¿No somos capaces de dejarnos llevar por un sentido racional derivado del análisis económico? ¿De verdad es así?

La respuesta no es simple porque no somos criaturas simples. Afortunadamente, claro. La respuesta es compleja porque la valoración de la satisfacción obtenida no se puede calcular –ni mucho menos- por motivos económicos. ¿Qué valor le damos a la posibilidad de salir a navegar mañana mismo, porque hace un buen día, porque estamos con ánimo, porque nos apetece…? ¿Qué valor le damos a experimentar esa sensación de que en nuestro barco están nuestras cosas –siempre- para cuando queramos ir; que nuestro barco es nuestro refugio, nuestra parcela de sueños, nuestro espacio de libertad…? ¿Nos atrevemos a fijar un precio por todo eso?

Sé que habrá quien piense: vale, todo eso está muy bien, pero no hay que volverse loco. Está bien darle a esos argumentos un valor, pero no debe cegarnos a la hora de tomar una decisión. ¿Qué decimos nosotros?: que es cierto. Que no debemos cegarnos. Que a no ser que seamos unos potentados conviene no perder de vista la realidad.

Tomemos un barco con precio de compra de 50.000 euros, por ejemplo. Calculemos un costo anual de 12.000 euros en los que incluimos una amortización del 10% del valor de compra (5.000€) y el resto (7.000€) para cubrir los gastos de mantenimiento. Significa, a grosso modo, una repercusión de 1.000€ mensuales. Y ahora, terminad de hacer los números considerando los alquileres que ese presupuesto mensual os permitiría. Veréis qué pronto las cosas están más claras.

¿Y si a pesar de todo lo anterior no podemos permitírnoslo porque no disponemos de la cantidad para la compra? ¿O si por nuestra ubicación geográfica o nuestra disponibilidad de tiempo sólo podemos practicar nuestra afición en muy escasas ocasiones a lo largo del año? ¿Debemos renunciar a la ilusión que representa el mar y la navegación? : De ninguna manera. Por supuesto que no. En ese caso nuestro consejo es claro: hay que alquilar. El alquiler, sobre todo a los que empiezan, además de permitirles disfrutar de su afición, también les permitirá acabar de fijar criterios sobre lo que verdaderamente les gusta: vela o motor, pescar, vacaciones, etc.

Y si después de un tiempo las circunstancias cambian y les interesa más comprar, nosotros estaremos aquí para ofrecerles el mejor barco que puedan encontrar.

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No te pierdas nuestro próximo post: “Navegar con título”

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